El 26 de abril de 1986, a la 1:23 de la madrugada, el reactor número 4 de la central nuclear de Chernóbil explotó. Cuarenta años después, la zona sigue contaminada, miles de personas nunca pudieron volver a sus casas y el sarcófago que cubre los restos del reactor tiene uranio suficiente para seguir siendo peligroso durante siglos. Pero más allá de las cifras oficiales — que siempre fueron cuestionadas — hay datos sobre Chernóbil que la Unión Soviética hizo todo lo posible por ocultar, y otros que simplemente nunca llegaron a los titulares.

Suecia descubrió el accidente antes que los propios soviéticos lo admitieran

El 28 de abril de 1986, dos días después de la explosión, un ingeniero de la central nuclear sueca de Forsmark llegó al trabajo y los detectores de radiación comenzaron a sonar. Pensaron que había una fuga interna. Evacuaron el edificio, revisaron todo y no encontraron nada. La radiación venía de afuera, viajando desde Ucrania a través del viento, a más de 1,100 kilómetros de distancia.

Fue Suecia quien obligó a la Unión Soviética a reconocer públicamente el accidente. Sin esa alarma en Forsmark, es posible que el régimen soviético hubiera seguido minimizando lo ocurrido durante más tiempo del que ya lo hizo. La población de Prípiat, la ciudad más cercana a la central, no fue evacuada hasta 36 horas después de la explosión. Durante todo ese tiempo, los niños siguieron yendo a la escuela y la gente caminaba por la calle sin saber lo que respiraba.

El escuadrón suicida: tres hombres que se metieron al infierno radioactivo

Una de las historias más impactantes de Chernóbil involucra a tres trabajadores de la planta: los ingenieros Alexei Ananenko y Valeri Bezpalov, y el supervisor Boris Baranov. Después de la explosión, existía el riesgo de que el agua acumulada bajo el reactor — ahora altamente contaminada — entrara en contacto con el núcleo caliente y provocara una segunda explosión de vapor de consecuencias incalculables. Alguien tenía que abrirlas válvulas para drenar esas piscinas manualmente, desde adentro.

Los tres se ofrecieron voluntarios. Se pusieron trajes de neopreno, entraron al agua radioactiva y completaron la tarea. Durante años se asumió que los tres habían muerto poco después por la exposición a la radiación, y así fue contado en documentales y libros. La realidad resultó ser más complicada: el periodista Andrew Leatherbarrow descubrió durante su investigación que dos de ellos, Ananenko y Bezpalov, seguían vivos. El único que falleció, Boris Baranov, murió de un ataque cardíaco años después, no directamente por la radiación. La leyenda heroica era real, pero la historia del martirio inmediato no lo era del todo.

El reactor que explotó no fue diseñado para generar energía sino plutonio para bombas

El reactor RBMK utilizado en Chernóbil era un diseño soviético que, según expertos de la Sociedad Nuclear Española, estaba orientado principalmente a la producción de plutonio para armamento nuclear. La generación de electricidad era un objetivo secundario. Esto tenía consecuencias prácticas importantes: el diseño del RBMK tenía una falla conocida en su comportamiento a bajas potencias que lo hacía inestable. Los ingenieros soviéticos lo sabían, pero esa información estaba clasificada y nunca llegó formalmente a los operadores de la planta.

La noche del accidente, el equipo del turno realizaba una prueba de seguridad para medir cuánto tiempo podría seguir funcionando la turbina tras un corte de energía. Era una prueba rutinaria, aplazada varias veces. Lo que ninguno de los operadores sabía era que estaban trabajando con un reactor cuyo manual ocultaba deliberadamente sus límites reales de seguridad. El accidente no fue solo un error humano — fue también el resultado de un sistema que ocultaba información crítica a las personas que más la necesitaban.

La central nuclear siguió funcionando después del accidente — durante 14 años más

Esto es algo que sorprende a casi todo el mundo: la explosión destruyó el reactor número 4, pero los otros tres reactores de la planta de Chernóbil continuaron operando. La Unión Soviética los necesitaba. El reactor número 2 operó hasta 1991, cuando sufrió un incendio. El número 1 se cerró en 1996. Y el reactor número 3 — ubicado en el mismo edificio que el que explotó, separado únicamente por una pared — siguió generando electricidad hasta el 15 de diciembre del año 2000, catorce años después de la catástrofe.

Durante esos años, trabajadores entraban y salían de la planta a diario, pasando junto al sarcófago que cubría los restos del reactor 4. Ucrania, ya independiente de la Unión Soviética, dependía de esa energía para el 5% de su suministro eléctrico nacional y no podía permitirse cerrarla antes.

Las abuelas que decidieron quedarse — y vivieron más que los evacuados

Después de la evacuación de 1986, cientos de personas volvieron a la zona de exclusión de forma ilegal. La mayoría eran mujeres ancianas — las llamadas “babushkas de Chernóbil” — que prefirieron vivir en su tierra contaminada antes que en un lugar desconocido. Decían que habían sobrevivido a guerras, hambrunas y al estalinismo. La radiación no les daba más miedo que todo lo anterior.

Lo que nadie esperaba fue el resultado: estudios posteriores mostraron que estas mujeres que permanecieron en la zona contaminada tuvieron una expectativa de vida mayor que muchos de los evacuados. Los investigadores atribuyeron esto al estrés crónico del desplazamiento forzado, que resultó ser tan dañino para la salud como niveles moderados de exposición a la radiación. Hoy en día, alrededor de 700 personas viven y trabajan en los alrededores de la central, según datos de National Geographic.

Lo que está enterrado bajo el sarcófago todavía es un misterio parcial

El sarcófago original que cubrió el reactor 4 fue construido apresuradamente en 1986 por los llamados liquidadores — más de 600,000 personas que participaron en las labores de contención, muchas de las cuales desarrollaron problemas de salud graves en los años siguientes. Ese primer sarcófago se deterioró con el tiempo y en 2016 se instaló una nueva estructura de acero de 36,000 toneladas, la más grande estructura movible que se ha construido, diseñada para durar 100 años.

Dentro, según estimaciones, hay cerca de 200 toneladas de corium irradiado — la mezcla de combustible nuclear, metal y concreto fundido que se formó después de la explosión — 30 toneladas de polvo radiactivo y 16 toneladas de uranio y plutonio. Parte de ese material sigue siendo tan difícil de localizar con precisión que los ingenieros utilizan robots para mapear el interior. Se estima que el proceso de desmantelamiento completo de la planta podría tomar hasta el año 2065 o más allá.

40 años después: ¿qué es Chernóbil hoy?

La zona de exclusión de 30 kilómetros alrededor de la planta se ha convertido, paradójicamente, en uno de los mayores santuarios de vida silvestre de Europa. Sin presencia humana permanente durante décadas, lobos, osos, linces y cientos de especies de aves han colonizado los bosques y las ciudades abandonadas. Algunos estudios muestran mutaciones genéticas en ciertas especies, pero la biodiversidad general ha aumentado de forma significativa comparada con zonas habitadas cercanas.

Prípiat, la ciudad construida especialmente para los trabajadores de la planta y evacuada en 1986 con 50,000 habitantes en 36 horas, sigue en pie con sus edificios, su parque de diversiones y sus apartamentos tal como los dejaron. Se convirtió en destino de turismo oscuro antes de que la invasión rusa de Ucrania en 2022 volviera a poner la zona en zona de conflicto activo, con tropas que acamparon en el Bosque Rojo — uno de los lugares más radiactivos del planeta — durante semanas. Cuarenta años después del peor accidente nuclear de la historia, Chernóbil sigue siendo un lugar que el mundo no puede ignorar.

¿Qué dato de Chernóbil te sorprendió más?

La historia de Chernóbil tiene capas que los libros de texto no cuentan: el encubrimiento soviético, los héroes anónimos que sobrevivieron contra todo pronóstico, la central que siguió funcionando y las abuelas que eligieron quedarse. Si quieres seguir explorando historias de este tipo — desastres, conspiraciones, ciencia sin filtro — sigue navegando el blog. Y si conoces algún dato de Chernóbil que no esté aquí, déjalo en los comentarios.