Los libros apócrifos de la biblia

Después de los Concilios de Hipona (año 393) y Cartago (año 397) la lista de los libros que se tenía duda sobre si eran “inspirados o no” ascendía a aproximadamente 66. Estos no fueron aceptados en el canon de la “biblia oficial” por decirlo de algún modo. Te presentamos algunos de los más conocidos. (Si quieres ver la traducción completa da click en los nombres).

 

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Han ejercido y ejercen un enorme influjo en la piedad e iconografía cristianas. Entre las tradiciones conservadas únicamente en los apócrifos, se cuentan los nombres de los padres de María, (Joaquín y Ana), el episodio de la Presentación de la Virgen niña en el templo, el número y los nombres de los Reyes Magos (Melchor, Gaspar, Baltasar), y la presencia de un asno y un buey en el pesebre donde María dio a luz. Allí también se encuentran los nombres y las historias del Buen Ladrón (Dimas) y del Mal Ladrón (Gestas); la historia de Verónica (recogida inclusive en la devoción piadosa del Via Crucis, de tradición católica); el nombre de Longinos, el centurión que atravesó el costado de Jesús en la cruz; o la primera sugerencia explícita de la virginidad perpetua de María, que se encuentra en el Protoevangelio de Santiago. La fuerte presencia de esas tradiciones en la liturgia lleva con frecuencia a olvidar que ninguno de ellos ha sido incluido entre los Evangelios canónicos.

Entre los textos apócrifos se cuentan numerosos Evangelios; entre ellos hay los que llevan nombres de personajes famosos de la iglesia primitiva a los que se atribuyen estos escritos, como el Evangelio de Tomás, del cual se encontraron antiguas copias en copto, manuscritas por una comunidad de cristianos gnósticos; otros fueron titulados por el supuesto contenido de la obra (Evangelio de la Verdad), por su origen (evangelios atribuidos a Marción, a Cerinto) o por el grupo al que estuvieron destinados (Evangelio de los Hebreo, de los Griegos, etc.).

Apocalipsis de Pedro

La Apocalipsis de Pedro es un libro apócrifo neotestamentario, atribuido al apóstol Pedro, que data, según la mayoría de los estudiosos, del primer tercio del Siglo II. Jesús, en diálogo con sus discípulos, les refiere la suerte que las diversas personas correrán después de la muerte. Es la primera referencia al más allá en la literatura cristiana, y describe con detalle los tormentos que los condenados sufren en el infierno, así como el gozo extático de los bienaventurados en el paraíso.

La obra se ha conservado a través de dos manuscritos: uno etíope, en lengua ge’ez, y otro hallado en Ajmin, en Egipto, en lengua griega, en el mismo pergamino en que se ha transmitido también el Evangelio de Pedro. Parece que, aunque la obra original fue compuesta en griego, el texto etíope representa un estado más primitivo del texto. Entre los dos textos hay importantes diferencias.

La Apocalipsis de Pedro es considerada canónica por el Fragmento Muratoriano, hacia el año 170. Sin embargo, con posterioridad fue apartada del canon neotestamentario y considerada apócrifa. Según muchos eruditos, el Fragmento de Muratori fue compuesto en el siglo IV, haciendo ver su desconocido autor que era del Siglo II.

El Protoevangelio de Santiago

 

El Protoevangelio de Santiago es un evangelio apócrifo, escrito probablemente hacia el año 150. Aunque nunca fue incluido entre los evangelios canónicos, recoge leyendas que han sido admitidas como ortodoxas por algunas iglesias cristianas, tales como la natividad milagrosa de María, la localización del nacimiento de Jesús en una cueva o el martirio de Zacarías, padre de Juan el Bautista.

Se denomina protoevangelio porque narra hechos anteriores al nacimiento de Jesús. El humanista y jesuita francés Guillermo Postel, quien lo tradujo al latín y lo dio a conocer en Occidente, lo tomó por el prólogo al evangelio de Marcos. El texto tiene un epílogo en que se declara su autoría: “Y yo, Santiago, que he escrito esta historia […]” El personaje mencionado aquí es, según la tradición, Santiago, pariente de Jesús, identificado por algunos con Santiago el Justo.

Los estudiosos actuales, sin embargo, creen que el texto fue escrito mucho más tarde, durante el siglo II, por un cristiano procedente del paganismo (desconoce las costumbres judías) y que ignoraba el hebreo, pues utilizó como fuente la Biblia griega de los Setenta. Es muy probable que utilizara también como fuentes los evangelios de Mateo y Lucas.

La primera mención de este evangelio se encuentra en las obras de Orígenes (muerto hacia el año 254), quien lo aduce para demostrar que los llamados “hermanos de Jesús” eran en realidad hijos de José con su anterior esposa, lo que significa que el texto era ya en el siglo III lo suficientemente antiguo como para ser tenido por auténtico por Orígenes. Aunque no se han encontrado menciones anteriores, la referencia de Justino Mártir, muerto en 165, al nacimiento de Jesús en una cueva, parece revelar que conoció la obra. Por su parte, Clemente de Alejandría, muerto en 215, asegura en uno de sus escritos que la virginidad de María fue constatada por una comadrona, en lo que puede ser una referencia a un episodio narrado en el capítulo XX del protoevangelio.

Pastor de Hermas

 

El Pastor de Hermas es una obra cristiana del siglo II que no forma parte del canon neotestamentario y que gozó de una gran autoridad durante los siglos II y III. Tertuliano e Ireneo de Lyon lo citan como «Escritura», el Codex Sinaiticus lo vincula al Nuevo Testamento y en el Codex Claromontanus figura entre los Hechos de los Apóstoles y las cartas de Pablo.

La primera versión de la obra fue escrita en griego, y de ella no se ha conservado el texto completo, pero inmediatamente fue traducida al latín quizás por su propio autor, Hermas de Roma. Se trata de un escrito perteneciente al género apocalíptico: el autor presenta sus ideas como si le hubiesen sido reveladas (apocalipsis=revelación, en griego) por dos personajes misteriosos: una anciana y un pastor. Precisamente de este último personaje toma nombre todo el libro.

En la primera parte, el autor ilustra la doctrina de la penitencia por medio de una serie de Visiones o revelaciones. Se le aparece una anciana matrona que va despojándose poco a poco de la vejez para mostrarse al final como una novia engalanada, símbolo de los elegidos de Dios. Esa matrona, como ella misma explica, es la Iglesia: parece anciana porque es la criatura más antigua de la creación, y porque la afean los pecados de los cristianos; pero se renueva gracias a la penitencia, hasta aparecer sin fealdad alguna. En la segunda parte, los Mandamientos, el ángel de la penitencia enseña a Hermas un resumen de la doctrina moral. En la tercera, llamada Comparaciones o semejanzas, se resuelven algunas cuestiones que inquietaban a los cristianos de aquella época.

En las siguientes lineas se recogen dos textos de esta obra. En el primero, correspondiente a la tercera visión, la anciana explica a Hermas el significado de una torre que se construye con piedras, de las que algunas son desechadas. Es una bella imagen para señalar la construcción de la Iglesia, en la que los cristianos—como decía San Pedro— son piedras vivas edificadas sobre el fundamento que es Cristo. Y para ser piedra viva, tiene una importancia fundamental la penitencia por los pecados.

Evangelio de Tomás

 

El Evangelio de Tomás es una colección de 114 dichos de Jesús que fue descubierto en 1.945 en el pueblo de Nag Hammadi en Egipto. Antes de este descubrimiento, muy poco se conocía de este Evangelio, escasamente, tres pequeños fragmentos de Oxyrynchus fechados en 200 d.C., y escasamente una media docena de menciones por parte de los Padres de la Iglesia. Los manuscritos descubiertos en Nag Hammadi están fechados alrededor de 340 d.C., aún cuando la composición original del mismo se sostiene entre 140 y 180 d.C.

Aun cuando el Evangelio de Tomás es tal vez el más temprano, más popular y el mejor Evangelio “Gnóstico” que exista, éste no pertenece al Nuevo Testamento debido a que fue escrito en el siglo 2º y ya todos los apóstoles Cristianos habían muerto. Este siglo 2º de su composición se demuestra por: (1) Su dependencia de más de la mitad de los escritos del Nuevo Testamento. (2) Su influencia Siria sucedida a mitad del siglo 2º. (3) Su naturaleza herética con matices gnósticos. (4) Su falta de referencia a estos por los tempranos padres de la Iglesia o testigos del siglo 1º. (5) Su desacuerdo y variantes del contexto de los Evangelios del Nuevo Testamento y escritos antes de que el siglo 1º terminara. (6) Su propia promoción como un libro apostólico que refleja un período de tiempo posterior. De hecho, aun cuando muchos seguidores argumentan el origen de este evangelio gnóstico en el siglo 1º, el evangelio refleja una edición posterior.

Aun cuando la composición final del Evangelio de Tomas es más del siglo 2º, existen algunas tradiciones que lo colocan en el siglo 1º y que puede ser independiente de los Evangelios Sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas). Sin embargo y a la larga, este evangelio no nos da realmente mucha nueva información acerca del Jesús histórico comparada con la que ya tenemos en los Evangelios del Nuevo Testamento. Como podemos ver, este evangelio no es considerado como “El Quinto Evangelio” o como fuente más temprana o más confiable para una descripción de Jesús como los Evangelios del Nuevo Testamento los cuales fueron escritos antes de que terminara el siglo 1º.

Evangelio de Judas

 

Al apóstol Judas Iscariote se le ha tachado de traidor a lo largo de la historia, por haber entregado a Jesús a las autoridades. En los años setenta del siglo XX parece ser que un campesino, un buscador de tesoros, descubrió un códice que durante unos 1.700 años había permanecido oculto en el interior de una tumba o cueva a orillas del río Nilo y a las afueras de El Minya, en Egipto. El códice contenía un fragmento del Evangelio de Judas, que se creía desaparecido, en el que la figura de Judas cobra una nueva dimensión, pues resulta que fue el propio Jesús quien le pidió a Judas, su amigo y discípulo, que le entregara a las autoridades. El conjunto de papiros, en mal estado de conservación, pasó a manos de un anticuario egipcio, que no consiguió encontrar un comprador debido al elevado precio que reclamaba. La Fundación Maecenas, fundada en Basilea, adquirió los documentos en 2001 y posteriormente contactó con National Geographic Society, que se ocupó del estudio, difusión y restauración del Evangelio de Judas. Con el fin de garantizar su autenticidad se realizaron diversos estudios que incluyen la paleografía, la datación por radiocarbono y el análisis de la tinta.

En enero de 2006, National Geographic Society encargó a la compañía McCrone Associates, de Illinois, el análisis de la tinta contenida en el Evangelio de Judas, escrito en copto y que había sido datado en el siglo III o IV d.C. «Desde el principio éramos conscientes de que en abril, sólo tres meses después, se había convocado una rueda de prensa para dar a conocer el descubrimiento», comenta Joseph G. Barabe, microscopista y director del proyecto de investigación en McCrone Associates, a Historia National Geographic. Josep G. Barabe y su equipo de científicos están especializados en detectar falsificaciones. Ha trabajado para el FBI en un caso importante, detectando obras falsificadas de la artista afroamericana Clementine Hunter.

 

Los científicos comprobaron que la tinta contenía dos componentes, uno negro y otro marrón. La tinta negra había sido elaborada con negro de humo (o negro de hollín) y aglutinante de goma para fijar el pigmento, una fórmula clásica en la tinta del Antiguo Egipto, que ya se utilizaba en los primeros papiros o para realizar inscripciones en la cerámica. El componente marrón, en cambio, resultaba más complejo. Tenía el aspecto de las típicas tintas ferrogálicas, muy utilizadas en la Edad Media, pero la ausencia de azufre en su composición elemental resultó ser un problema, un obstáculo para confirmar la autenticidad del documento. «No lo entendíamos. Simplemente no encajaba con lo que habíamos visto hasta entonces. Sentí una enorme responsabilidad, no sólo con respecto a National Geographic Society, sino también con respecto a mi compañía. Si se trataba de una falsificación, no podía obviar el hecho y comprometer a ambas organizaciones; y si era auténtico, no quería afirmar erróneamente que lo era. Me quedaba despierto por la noche buscando desesperadamente una respuesta», explica Joseph G. Barabe.

Un antiguo certificado de matrimonio egipcio, cuyo estudio fue realizado por científicos del Museo del Louvre, fue la clave para autentificar el Evangelio de Judas, según se anunció a comienzos del pasado mes de abril en la 245 edición de la Sesión y Exposición Nacional de la Sociedad Americana de Química. «Si no hubiéramos encontrado un estudio del Louvre sobre la boda egipcia y contratos territoriales, que eran de la misma época y tenían tinta similar a la utilizada para grabar el Evangelio de Judas, hubiera sido mucho más difícil discernir su autenticidad», argumenta Joseph G. Barabe en un comunicado.

Este descubrimiento ha validado el resto de estudios y análisis realizados, que datan el Evangelio de Judas aproximadamente en el año 280 d.C. El equipo científico de Joseph G. Barabe insiste en que este hallazgo no prueba, más allá de toda duda, que el documento sea auténtico, pero sí que demuestra que no se trata de una falsificación.

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